La Danza de la Vida

Desde el momento en que nuestro corazón late por primera vez… Inicia nuestra Danza…

Estando allí en el vientre de nuestra Madre, recibimos impulsos: internos y externos. Los primeros vienen de nuestro propio cuerpo en formación y los segundos, del exterior. Allí, en nuestro espacio íntimo se gestan nuestros primeros movimientos, libre, sentidos y vitales.

Iniciamos nuestra danza…

Por lo general, la palabra danza es definida como “la ejecución de movimientos al ritmo de la música que permite expresar sentimientos y emociones”, ceñidos a un patrón determinado. Sin embargo, desde primer latido del corazón en el vientre de nuestra madre, inicia nuestra danza de vida, única y sin igual.

Cada órgano de nuestro cuerpo posee un ritmo: el corazón con sus latidos, los pulmones y la respiración, la sangre y su circulación, el cerebro y la velocidad de pensamiento, entre otros tantos; y juntos cada uno de los sistemas que integra, nuestra biología, funcionan con sus ritmos y con sus tiempos…

Mientras tanto, a medida que crecemos nuestra mente, cuerpo y emociones van interactuando con el medio y se van desarrollando, de este modo, progresivamente la totalidad de nuestro ser recorre su camino de vida, a su ritmo y a su tiempo.

Pero:

¿Qué sucede cuando ese ritmo se altera?

¿Qué sucede cuando “algo” en mi dinámica de vida cambia de repente y sin aviso?

¿Qué pasa cuando llega el caos alterando todo mi orden?

Esa sensación que nos embarga cuando “algo” ya no es como antes… Apareciendo “eso” que tanto en el fondo le tememos:

Perder el control…

Cuando de repente la música de nuestra vida se detiene, cambia o se altera de algún modo, nos inundan una serie de sensaciones… muchas veces incómodas… otras no tanto… pero sin dudar alguna son sensaciones que nos anuncian el fin de lo conocido y la llegada de lago nuevo…

En un instante…

El mundo se detiene y todo cambia…

cambia la vida…

Cambia el ritmo…

Cambiaste tú sin quererlo…

Y yo queriendo y no queriendo…

La razón del cambio puede ser cualquier motivo y llamarse de cualquier forma: Covid… Cuarentena… Duelo… Separación… Divorcio… Crisis económica, política y/o social…  Adolescencia o vejez…

Lo cierto es,

Que lo que era ¡ya no es!

Sin embargo, en medio de todo este vaivén… hay algo que no se detiene por más que el entorno cambie… la propia vida que sigue su cauce, fluyendo como un río que sortea la piedra del camino y sigue hacia delante…

La vida sigue con su danza y sus ritmos…

Nuestra vida sigue con su danza y sus ritmos…

Cada paso que damos nos mueve hacia una dirección, nos mantiene en movimiento –nos movemos- delineamos un sendero único, una melodía auténtica que sólo nos pertenece a nosotros:

“nadie puede vivir nuestra vida ni danzarla por nosotros” …

Un día alguien me dijo:

“Lo único constante es el cambio” y efectivamente así es…

A cada minuto algo cambia… envejecemos, aprendemos algo, sube y baja la temperatura, nace y muere un ser humano… tengamos o no conciencia de ello…

Los cambios suceden a cada instante

Y la gran mayoría de las veces, no los controlamos…

¿Qué se hace entonces?:

Fluir como el río y soltar la creencia de control…

Lo necesario para vivir yace en nosotros y funciona sin que lo controlemos a cada paso…

El corazón late, respiramos y hasta la sangre que circula por nuestro cuerpo lo hace, sin estar nosotros pensando a cada instante que lo hagan…

Así que:

SI el cambio toca tu puerta…

y cambia de repente de danza…

fluye con esa nueva melodía…

y vive de la mejor forma posible para ti…

Aprende nuevos pasos…

danza diferente ritmos…

disfruta tu danza…

Date permiso de re-conocerte…

de hacerlo diferente…

Recuerda:

Todo pasa…

Todo…

Así que…

Crea…

Respira…

Y aunque la melodía cambie…

Vive…

Sé tú…

La telaraña azul

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