La energía del bosque

Alguna vez has pensado en la energía que hay en cada cosa que vemos sin observar.

Y bueno hoy te voy a trasladar a un momento de mi vida en que viví con una amiga muy querida que ya trascendió, de regreso a nuestro hogar.

Fuimos las dos a Tepoztlán, México. Es un pueblo mágico, lleno de magia mucho misticismo y una energía muy especial.

Las dos nos encontrábamos pasando por una experiencia difícil. Mientras estábamos hablando de energía, estábamos bien pero nuestra energía estaba muy baja, no podíamos vibrar alto por los cambios que estábamos viviendo. Un día ella llegó y me dijo: “Nos vamos a Tepoz, a rencontrarnos con nuestra energía de diosas”.

Y así fue esa energía sublime, que se convirtió en una gran experiencia.

Fuimos a un “hotel del silencio”, no podíamos hablar estando ahí, ya que el objetivo era el encontrarnos con nosotras mismas, dejando de interactuar con lo externo, teníamos que permanecer en silencio, para no distraernos.

Lo primero que hicimos al llegar fue un baile para sacudirte energéticamente todo lo que te pesaba, las energías bajas que te atan a la tierra, emociones bajas que no te permiten avanzar. Después de bailar, tocó brincar por casi 5 horas. Teníamos que activar nuestra energía, para poder contactar con la energía de la diosa, esa diosa interna que vive en ti, que vive en todas.

Así que mi amiga se contacto con Cleopatra y yo con la diosa Venus, la diosa del amor. Teníamos que vivir, actuar y sentir como ellas durante esos 4 días que estaríamos ahí. Nuestra alimentación consistía en alimentos altos en vibración, infusiones y plantas, ya que el cuerpo tenia que desintoxicarse.

Y sin descansar, a las 12.00 de la noche, llegaría nuestra iniciación en este mundo místico, lleno de espiritualidad. Ahora entraríamos al bosque, pidiéndole a la energía del dios del bosque que nos permitiera entrar y dejar ahí cualquier atadura, maldición o energía que no fuera agradable ante el dios del universo.

Al comenzar ese viaje teníamos que ir de la mano de una compañera, con una vela encendida, que era la energía de la luz la que ilumina y alumbra nuestra vida y teníamos que ir rompiendo maldiciones en nuestra vida y en la vida de nuestra familia. Al llegar a los pies del Tepozteco nos esperaba una fogata, la energía del fuego nos limpiaba y

purificaba. Había un maestra chamana que se conectaba con la energía de algun animal para cuidarnos y permitir que nuestro ritual llegara a buen término.

Y así fue como en ese lugar, conectando con la energía del bosque, el fuego, el aire y la luz, regresamos al amanecer a descansar. Había llovido, el contacto con la lluvia y la tierra nos había limpiado y purificado nuestra energía. Teníamos que volver en silencio, solo contactando con nosotras mismas, a dormir una pocas horas ya que seguía el viaje al encuentro de la diosa tántrica.

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