Encantos de la sexualidad

Me encuentro en el dilema de tener que elegir escribir sobre un tema específico, cuando se trata de la sexualidad. Es tan  extenso que esta noche mientras dormía pedí a la iluminación del sueño donarme sus armoniosos consejos para escribir un artículo que atraiga, sea útil al lector y sobre todo nos haga reflexionar y divertir.

Empezaré por escribir una historia de desamor que se convirtió en amor. 

Una tarde mientras se encontraba sentada, tomando una bebida caliente a las afueras de una cafeteria. Destruída y devastada del cansancio físico por el trabajo extremado que ocupaban sus ocho horas al día de limpieza de casas, Clara, se sentía una mujer insatisfecha y sin disfrute de la vida; envejecida e insípida. Vivía como la mayor parte de las mujeres que van por la vida sin visiòn ni atracción por algún sueño u objetivo. La maternidad inesperada había bloqueado todos sus proyectos de estudios universitarios, independencia y posibilidad de trabajo que la hubiesen gratificado, y le hubiesen permitido  lograr su estabilidad económica y un futuro matrimonio por amor. 

Esa tarde Clara sentìa particolarmente frìo, era invierno en Madrid y las calles iluminadas de luces natalicias hacían el ambiente cálido pero inapercibido por Clara. Su cuerpo estaba allí tomando una taza de tè pero su mente divagaba entre la preocupación por las planillas, impuestos y cuentas por pagar cada fin de mes; y el reconocimiento de tener que trabajar para pagar, sin mencionar los gastos de comida y necesidades de su hija. Todos esos pensamientos, entre la nostalgia de lo que pudo ser y la ansiedad del deber del mañana, la hacían perderse del presente, del momento maravilloso que se percibía por la vía, las risas de los transeúntes, negocios abiertos, olores de dulces, rumores del tráfico… 

Un estruendo hizo sobresaltar a Clara y que sus ojos café oscuro se abrieran como luna llena, mientras con un brinco se encontrara de pie sobre la silla. Una explosión en el centro de la ciudad, cerca de la cafetería, en pocos minutos la gente aglomerada, ruidos de sirenas se acercaban al lugar, humo sofocante, heridos y algunas víctimas de ese atentado. 

Horas más tarde la noticia en todas las redes de comunicación. Clara ya se encontraba en casa, abrazando a su hija de tres años mientras veía el noticiero, el llanto de angustia de los familiares de los heridos y unos cuantos muertos. Las escenas que transmitían por televisión hicieron que Clara se diera cuenta que el epicentro era a sólo a pocos metros de donde ella estaba sentada tomando su tè. Esa noche Clara tuvo una especie de terremoto interior, sus pensamientos oscilaban entre gratitud de estar viva y en la posibilidad de que podía haber sido una de los heridos o muertos. Cerraba los ojos ante la idea de sentir esa sensación de pánico provocada por su mente. Buscaba algo para tranquilizarse. Su hija dormía junto a ella, no le era posible tener dos camas, la habitación era tan pequeña que a mala pena entraba lo necesario. Compartía el apartamento con una inquilina. 

Fue entonces que entre lágrimas de gratitud y consternación se quedó dormida. Una voz masculina y profunda resonó en su interior, despertando su Ser y jamás volvió a ser la misma: “Sí, me gustaría que te ames a ti mismo, porque a menos que te ames a ti mismo no podrás amar a nadie más. No sabrás qué es el amor si no te has amado a ti mismo. Pero antes de que puedas amarte a ti mismo tienes que conocerte, por tanto el amor es secundario, la meditación es prioritaria. Y el milagro es, que si meditas y poco a poco sales del ego, fuera de tu personalidad y te das cuenta de tu ser real, el amor vendrá por sí mismo. No tienes que hacer nada, es un florecimiento espontáneo. Pero florecerá sólo en cierto clima, y a ese clima lo llamo meditación. En el clima del silencio, de la no-mente, sin perturbación interna, de absoluta claridad, paz y silencio, de repente verás que miles de flores se han abierto dentro de ti y su fragancia es amor”. Osho

Mi querido lector, muchas veces nos encontramos en ese laberinto de nuestra psique, en la envoltura de la mente, en la negación de nuestras emociones, cambios de vida repentinos, confusión , insatisfacciones, caos, enfermedades. Todo esto puede ser terrible en esos instantes pero recuerda ese estruendo que sobresaltó a Clara…

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