CALLAR LA MENTE PARA RECONOCER EL SER

Sí. Es necesario aprender a escuchar tu mente, así como tu cuerpo y todo lo que te rodea. Es necesario conocer nuestra mente, como mente y no como nuestro SER.
Para esto, te invito a hacer un ejercicio. Cierra los ojos y siente tu cuerpo. ¿Qué siente tu cuerpo? ¿Siente algún dolor muscular? ¿Picazón? ¿Se siente incómodo en la posición en la que estás? ¿Siente frío o calor? Respira y siéntelo.

Ahora, escucha tu mente. Observa tus pensamientos como si fuesen nubes que con el viento se van moviendo, mutando sus formas. Así, ¿qué está pensando tu mente? ¿En lo que debes hacer próximamente… o en lo que hiciste hace mucho o hace poco tiempo? Sí, escucha tu mente. Conócela. Date cuenta de que ella NO sabe vivir en el PRESENTE; la mente, te recuerda el pasado o te proyecta al futuro. Los pensamientos son un torrente de juicios: esto me gusta, esto no; quisiera esto; no quisiera aquello… y así, la mente no nos permite vivir plenamente la existencia, el PRESENTE. El instante en el que todo sucede. La verdad. La única realidad que existe, y que está solamente en este presente. Respira, y observa.

Escucha tu mente y ahora pregúntate, ¿QUIÉN es la que escucha? ¿Quién es o qué es lo que silenciosamente escucha en nuestro interior y es consciente de esos pensamientos? Esa es tu consciencia. Ese es tu ‘YO SOY’. Eso es lo que realmente ERES.

Este paso es muy importante. Desconectarnos de la mente, así como de nuestro cuerpo físico; para reconocer el espíritu. El SER que somos. Desconectarnos de la mente significa, que observaremos todo lo que ella piensa, en cada situación. Descubriremos muchas características de la mente. Entre ellas, se destacan: “La mente siempre está emitiendo un juicio” bueno, malo, feo, bonito, mejor, peor….
Absolutamente todo lo que percibimos a través de los sentidos, la mente lo juzga. Y este juicio emite un pensamiento, que cuando lo recepta nuestro cuerpo, se manifiesta con alguna emoción. Si juzgamos algo como feo, sentimos disgusto o antipatía. 

Si juzgamos algo como bueno, sentimos alegría. Si juzgamos algo como triste, sentimos tristeza o depresión. Y, esta emoción genera una reacción. Si juzgamos algo como falta de respeto, sentimos coraje o frustración y podemos reaccionar golpeando u ofendiendo a alguien, y así en todas las situaciones de acuerdo a cómo la mente la juzgue. ¿Eres consciente de esto? Es algo así como un sistema encadenado: Pensamiento – Juicio – Emoción – Reacción.
Y hemos llegado a un punto muy importante. ¿Dejarías que tu mente guíe tu cuerpo? ¿Cuántas veces has intentado o has repetido con tus pensamientos ‘no tengo hambre’, y has terminado comiendo más de la cuenta? Sí, seguramente la mente tiene facultad sobre el cuerpo si TÚ así lo deseas. Mas, ello conlleva sus consecuencias, así como si dejas (como has dejado toda tu vida) a tu mente guiar tu espíritu, o mejor decir, callarlo de modo que ni siquiera puedas reconocerlo. Vivimos como si la mente fuese nuestro SER. Y mientras sigamos haciendo esto, no encontraremos la Paz interior inmutable, el Amor verdadero y puro, la Compasión perfecta. Y jamás, nos fundiremos realmente con la Fuente, que es la Energía del Amor, el SER SUPREMO.


Podrás leer libros, visitar psicólogos, seguir consejería matrimonial, religiones, ritos, orar, llorar, rogar…, todo eso te dará una respuesta, un alivio o una tranquilidad temporal. Y deberás continuar haciéndolo hasta que tu mente juzgue una situación como la querida, deseada o esperada. Y si eso no sucede, la culpa, el miedo, el resentimiento van arraigándose en tu mente (como recuerdos negativos y dolorosos) y en tu cuerpo como dolores, tensiones y dolencias o enfermedades. Debes comprender que lo que piensa tu mente, no es tu realidad. Que lo que juzga tu mente, no es lo absoluto o la verdad, es sólo la percepción de ella; según sus vivencias y experiencias e información que en ella haya. Hagamos ejemplos para llevar esto al plano real.


1. Ejemplo: Vas caminando por la calle con tu pareja, cogidos de la mano. Un lindo atardecer. De repente un grupo de chicas van caminando y pasan cerca de ustedes y él suelta tu mano. Analicemos, si tu pensamiento es: No quiere que esas mujeres sepan que estamos juntos. Tu juicio se hizo presente. Estás juzgando esa situación y a tu pareja. Bien, ahora inmediatamente, ese
pensamiento – juicio, genera una emoción: podría ser celos, y los celos van de la mano con la inseguridad, el enojo, la impotencia…, entonces, esta emoción generará una reacción. Puedes reaccionar con una palabra ofensiva, con un gesto grotesco, con indiferencia (que al final de cuentas siempre esconde orgullo o resentimiento), o en casos extremos hasta en ataques físicos o verbales.


2. Ejemplo: Estás muy cansada. Entre el trabajo, quehaceres de la casa, hijos, esposo…, tu mente empieza a emitir pensamientos, si pudieras observarlos como nubes pasajeras, verías que son rápidos, negativos, victimarios y egocéntricos…, ‘estoy harta’, ‘no puedo más’, ‘todo tengo que hacerlo yo’, ‘nadie me ayuda lo suficiente’, y dependiendo de cuánto mental eres, podrían llegar incluso a los niveles extremos. Esos pensamientos/juicios, te suscitan emociones negativas: cansancio, tensión, enojo, etc. Que desembocarán en reacciones como gritos, ofensas, palabras hirientes, tirada de puertas, y discusiones.


3. Ejemplo: Vas manejando de regreso a casa. Hay mucho tráfico y confusión. Tus pensamientos juzgan esa situación como terrible, caótica, estresante. Empiezan a generar emociones de enojo, y puedes reaccionar insultando a personas que ni siquiera conoces.

Estos son minúsculos ejemplos de cómo la mente guía nuestra vida, llevándonos por altibajos de emociones bipolares y extremas, que nos pueden llevar hasta la depresión o la locura. Todos somos ‘de mentes’, porque estamos dejándonos llevar por la mente que genera pensamientos. No somos nosotros, nuestro SER, quien nos guía a lo largo de la vida, sino nuestra mente. No sabemos ni siquiera cómo callarla, ella está en constante pensamiento, juicio y crítica, que genera emociones cambiantes y negativas o cambiantes y positivas. Y ATENCIÓN, éste no es un libro que te enseñará cómo cambiar los pensamientos de negativos a positivos. Serán siempre pensamientos y permanecerás en el plano irreal del pasado o del futuro. No se trata de cambiar los pensamientos. Sino de despertar tu SER, tu ‘YO SOY’, para que seas TÚ fundido, hecho uno solo, con el SER SUPREMO; a guiar tus pensamientos.

Para esto, y por esto, hay que comprender que nuestra mente es una parte de nosotros como lo es nuestro cuerpo. Pero el ‘YO SOY’, el SER… es tu esencia, es quien DEBE dirigir esa mente y ese cuerpo. No lo contrario.

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